Piezas de impresión

Anotaciones para el cuadro «El Tiempo y la Historia», Francisco de Goya

En este nuevo texto Corsino hace hincapié en la doble naturaleza de la pandemia, los cambios que ésta ha introducido y lo que suponen, la situación de crisis permanente en la que nos encontramos, la crítica del izquierdismo… Especialmente, nos ha llamado la atención la segunda parte en la que aborda cuestiones siempre latentes que van desde el polémico antifascismo, la praxis, la conciencia de clase y su fragmentación, la emergencia del sujeto, y la perspectiva del pensamiento crítico a la hora de abordar las condiciones en las que se desenvuelve… Interrogaciones que junto a la crítica de las experiencias pasadas y presentes emplazan la reflexión a abordar el desmoronamiento capitalista en el que estamos inmersos.

Estos son los encabezados que ocupan sus 42 páginas:
Introducción: Doble pandemia, estructural y sanitaria
El ciclo de reestructuración de la pandemia
La UE fisuras en la huida hacia adelante
Estado de crisis permanente
Reforzar el capital financiero: breve repaso cronológico
Activar el consumo y conjurar la deflación
Acerca de las renovadas condiciones objetivas
Una interpelación decisiva
Parálisis mental y práctica de la izquierda
A vueltas con el (anti)fascismo
Mecanismos de fragmentación de clase
La teoría en tiempos de pandemia
El trabajo y su doble realidad
Autosupresión o suicidio
Desplazar la problemática del antagonismo

A continuación os invitamos a leer el texto:

Introducción
Doble pandemia: estructural y sanitaria

La pandemia del coronavirus-19 ha venido a incidir en la otra pandemia menos mediática que es la crisis estructural del sistema capitalista; esa pandemia a la que de manera más o menos chapucera se viene haciendo frente desde que se hiciera ya abrumadoramente presente en 2008. La pandemia del coronavirus solo ha sacado a la luz los problemas sociales, económicos, financieros, estructurales, en fin, de la crisis sistémica del capital que afloró en 2008 en su forma financiera.

La espectacularidad que reviste cualquier fenómeno en la sociedad mediática de consumidores ha otorgado un especial protagonismo al cornonavirus-19 debido a su dramático impacto sobre vidas y actividades económicas hasta convertir en causa (la génesis y propagación de pandemias en el capitalismo declinante) lo que es una consecuencia del modelo de desarrollo capitalista; de su forma de producción, circulación y realización (acumulación) sobre la base de la concentración productiva (macrogranjas), como reproductiva (megaurbanización).

Estas páginas recogen notas sueltas del que me atrevería a llamar desguace social que ha supuesto la propagación del coronavirus 19 y sus repercusiones socioeconómicas, con el fin de rescatar en lo posible algunos elementos para la comprensión del presente más allá de la inmediatez reduccionista de la crisis sanitaria. Una manera, en fin, de evitar que una pandemia -la crisis estructural- quede ocultada por otra -la relativa a la salud- y con ello, confundir las causas (modo de reproducción social) con los efectos (crisis sanitaria).[1]

En primer lugar, es necesario reconocer que la pandemia ha acelerado la irrupción de los problemas que estaban ahí, en las finanzas, el empleo, la sobreproducción, la contaminación, etc. de forma más o menos larvada e irresoluble dentro de la lógica dominante. En cierto modo, la perplejidad ante la pandemia es la percepción de haber alcanzado unos límites en el modo de vida que se han extendido de arriba a abajo en la sociedad capitalista. Una percepción paralizante, además, a la luz de las medidas desconcertantes adoptadas por la clase dominante, en la escala regional y supranacional.

El errático comportamiento de los gestores capitalistas y administradores públicos ante la pandemia, incapaces incluso de determinar la naturaleza del virus y las medidas de contención, evidenciaban la vulnerabilidad e impotencia del capitalismo tecnológico hasta extremos insospechados incluso para los críticos más avisados. De manera que, la barahúnda mediática mundial no ha impedido, sin embargo, que se ponga en evidencia la incapacidad gestora de la clase dominante a la hora de enfrentar la coyuntura pandémica, pero sobre todo a la hora de articular una estrategia de futuro más allá de la crisis sanitaria.

Porque si bien la pandemia ha relanzado la dinámica de una reestructuración capitalista a escala mundial, no es menos claro que lo hace con una total ausencia de perspectiva estratégica, si nos atenemos a las medidas concretas adoptadas por las principales potencias para activar la economía en el sentido de impulsar la acumulación de capital y, en consecuencia, el mercado (consumo), etc.

Ya no se trata de las objeciones políticas que puedan aducirse desde el punto de vista ideológico a las decisiones políticas y económicas puestas en marcha por la clase dominante mundial y regional, sino de la naturaleza rutinaria y limitada de las mismas. Rutinaria porque retoma las líneas generales monetaristas, financieras, de la reestructuración que condujo a la crisis de 2008 y limitada porque sus resultados al inicio de la segunda década del siglo XXI, como veremos, están lejos de las pretensiones iniciales de sus promotores, independientemente del impacto del corona-19.

Es así como se puede afirmar que la reestructuración impulsada por el corona-19, aunque comandada como siempre por la clase dominante, por la burguesía gestora transnacional y los estados nacionales, carece de otra estrategia que no sea la de continuar en la senda de la implosión del modo de producción -y civilización- capitalista, perceptible las últimas décadas, pero ahora de forma acelerada.

Es decir, las condiciones objetivas del proceso de derrumbe capitalista y, en consecuencia, de su transformación posible están dadas por la realidad más inmediata en la medida que nunca en la Historia la contradicción que atraviesa la Modernidad, a saber, la desviación entre el desarrollo de las fuerzas productivas que materializan el capital y las condiciones de existencia de la humanidad proletarizada que aquéllas sustentan, ha alcanzado la magnitud y profundidad (radicalidad) con que se manifiesta en la actualidad. Tan es así que incluso las categorías y nociones críticas acumuladas por la tradición del movimiento obrero industrial y que constituyen la base de la contestación política al orden dominante, aun siendo referencias ineludibles para la comprensión de la realidad económica y social de nuestro mundo, resultan insuficientes a la hora de abarcar la especificidad de la actual fase de dominación real y total del capital.

Es por eso que el agotamiento histórico del proyecto capitalista, manifiesto en el anacronismo que representa la repetición de fórmulas del pasado para encarar la crisis sistémica actual, representa asimismo una encrucijada para el pensamiento crítico y para la tradición emancipatoria que, salvo contadas excepciones, ha estado dominada por la izquierda del capital. Casi es una obviedad decirlo, pero la crisis de la cultura de izquierda que abarca a todas sus expresiones libertarias y marxistas, así como la perplejidad e impotencia que las atenaza, son comunes a las de la ideología dominante.

La respuesta izquierdista no ha pasado de la denuncia y del asombro ante las incongruencias gubernamentales, pero a estas alturas la denuncia, como la denegación, no dejan de ser expresiones de impotencia. El hecho fue -es- que en la respuesta al corona19 la iniciativa ha sido del estado y del capital. Y la prueba está en que las farmacéuticas y lobbys turísticos e industriales han instrumentalizado la pandemia en función de sus intereses económicos y, en el caso de los estados nacionales, para reforzar el control social en condiciones de emergencia social. Pero eso es solo una parte del problema.

Además, la situación desencadenada con motivo del corona-19 tiene importantes implicaciones en el plano de la teorización/comprensión de las relaciones en la sociedad de clases y en la conflictividad social. Las sucesivas fases del ciclo largo de reestructuración iniciado en las últimas décadas del siglo XX , junto con la mutación provocada en la organización del trabajo y, sobre todo, en la reproducción social del capitalismo globalizado, no ha sido evaluada con la suficiente profundidad crítica.

Al contrario, las explícitas advertencias que desde algunos autores (Ellul, Anders, Mumford…), como desde los recientes movimientos de resistencia contra los estragos de la sociedad industrial, aunque no hayan caído en saco roto, no han tenido una repercusión socialmente relevante. En cambio, la sobreproducción de lo que ahora llaman narrativas en todos los órdenes de la producción discursiva acerca tanto del diagnóstico de la situación creada por la crisis financiera, como de sus repercusiones políticas, sociales, culturales, no ha estado -y siguen sin estar- a la altura de la profunda transformación que se ha producido en el sistema general de explotación de la fuerza de trabajo y de la biosfera. Siguen abordando, en el mejor de los casos, la realidad presente de las relaciones de clase con esquemas sociológicos del pasado heroico del movimiento obrero industrial.

Salir de ese atolladero exige penetrar en esas vías exploratorias de la parálisis y la perplejidad de la contestación social en tiempos de doble pandemia; la fenoménica de la crisis sanitaria y la estructural de la sociedad del capital.

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[1] Ver a este respecto, entre otros, el bien fundado ensayo del colectivo chino Chuang, «Contagio social: guerra de clase microbiológica en China».