La guerra y la gran migración de las aves

Cuanto más enérgicamente emplee el capital al militarismo para asimilarse los medios de producción y trabajadores de países y sociedades no capitalistas, por la política internacional y colonial, tanto más enérgicamente trabajará el militarismo en el interior de los países capitalistas para ir privando, sucesivamente, de su poder de compra a las clases no capitalistas de estos países, es decir, a los sostenedores de la producción simple de mercancías, así como a la clase obrera, para rebajar el nivel de vida de la última y aumentar en grandes proporciones, a costa de ambos, la acumulación del capital. Sólo que, en ambos aspectos, al llegar a una cierta altura, las condiciones de la acumulación se transforman para el capital en condiciones de su ruina.

Rosa Luxemburg; La acumulación de capital (1913)

Han pasado más de cien años desde que Rosa Luxemburgo elaborara «La acumulación del capital» (1913), y seguimos sufriendo los efectos devastadores del imperialismo anotados por ella. La escalada militarista, la guerra, la reanimación de la «acumulación» a costa del empobrecimiento de las clases inferiores. En esta época de guerra, que trata de naturalizar la transformación de las «cosas», de las capacidades, de los productos en mercancías, en la que quedan cada vez menos cosas que no se hayan convertido en Capital (el fondo del mar…), y todavía menos sociedades no capitalistas, la maquinaria de la guerra imperialista nunca se detiene, se adapta a las nuevas necesidades y aspira a enrolarnos de nuevo en su espiral de horror y destrucción. Imperios y naciones nos han esclavizado, sometido, aniquilado y explotado en su nombre y gracias a los “valores” más elevados, para de nuevo ser sacrificados, diezmados, empobrecidos, en su empeño de reanimar la acumulación, multiplicando la miseria, la penuria de este mundo..

Más de cien años después de la revolución spartakista, la correspondencia de Rosa nos sigue transmitiendo ese hálito de esperanza inquebrantable.

A Sonia Liebknecht

Sonitchka, mi querido pajarito, pienso en ti muy a menudo; o mejor dicho, siempre estás presente para mí; siempre siento que estás unida y agitada por los vientos como un gorrión pasajero, y que debería estar contigo para alegrarte y darte vida.

Qué desperdicio, estos meses y años que pasan, cuando podríamos estar viviendo tantas horas hermosas juntas, a pesar de los horrores que ocurren en el mundo.

Verás, Sonioucha, cuanto más tiempo pasa, más la ignominia y las atrocidades que ocurren cada día sobrepasan todos los límites y pierden toda medida, y más tranquila y firme estoy en mi interior. Ante los elementos, un huracán, un diluvio, un eclipse solar, no podemos aplicar criterios morales, debemos mirarlos como algo dado, como un objeto de investigación y conocimiento.

Enrabiarse y enfurecerse contra toda la humanidad no tiene sentido finalmente.

Estos son claramente los únicos caminos objetivamente posibles de la historia, y debemos seguirla a través de sus giros, sin perder de vista la dirección final. Tengo la sensación de que todo este fango moral que chapoteamos, este inmenso manicomio en el que vivimos, podría transformarse de la noche a la mañana, por un golpe de varita mágica, en su contrario, en algo prodigiosamente grande y heroico, y que –si la guerra dura unos cuantos años más– esto ocurrirá necesariamente. Entonces, los mismos que hoy manchan a nuestros ojos el mismo nombre del hombre participarán frenéticamente en el heroísmo delirante, y todo lo que hoy ocurre será borrado, eliminado, olvidado, como si nunca hubiera ocurrido. Esta idea me hace reír, y al mismo tiempo siento como crece en mí una llamada a la venganza y el castigo: ¡Cómo! ¿Vamos a querer que todas las infamias queden olvidadas e impunes, y lo que hoy es la escoria de la humanidad pudiera mañana, con la cabeza en alto, y tal vez incluso ser coronada con fresco laurel, caminar sobre las cimas de la humanidad y contribuir a la realización de los más altos ideales? Pero esa es la historia. Sé perfectamente que nunca se ajustarán las cuentas según la «justicia», y que ya hay que aceptarlo todo.

Tanto en el ámbito social como en la vida privada, todo debe tomarse con calma, generosidad y una pequeña sonrisa en los labios. Creo firmemente que después de la guerra, o al final de la misma, todo dará un vuelco, aunque obviamente tengamos que pasar primero por este periodo de sufrimientos inhumanos y terribles.

Es para reír y llorar que un pajarito tierno como tú, nacido para la luz del sol y el canto despreocupado, haya sido arrastrado por el destino a uno de los períodos más oscuros y crueles de la historia del mundo. Pero atravesaremos los tiempos una junto a la otra, a nado, al lado del otro, y todo irá bien.

A este respecto, estas últimas palabras despiertan en mí otro pensamiento, un hecho que me gustaría relatarte porque me ha parecido poético y conmovedor. He leído recientemente en un libro científico sobre la migración de las aves un fenómeno que sigue siendo bastante misterioso,  se ha observado que diferentes especies, que habitualmente suelen guerrear y devorarse como enemigos mortales, realizan pacíficamente uno al lado del otro el largo viaje cruzando los mares  hacia el sur; inmensas bandadas de aves llegan entonces a Egipto para pasar el invierno, arremolinándose en el aire como nubes y oscureciendo el cielo; y en estas bandadas, en medio de las aves de presa –halcones, águilas, halcones, lechuzas–  hay miles de pequeños pájaros cantores, alondras, reyezuelos, ruiseñores, que vuelan sin miedo entre las aves de rapiña que suelen perseguirlos. Parece que durante este viaje reina tácitamente una tregua de Dios; todos persiguen el mismo objetivo, y cuando llegan a las orillas del Nilo, caen al suelo, medio muertos de agotamiento, antes de separarse de nuevo por especies y regiones. Pero hay más: se ha observado durante este viaje sobre el «gran estanque», que las aves grandes llevan muchos pájaros pequeños sobre sus espaldas; se han visto pasar bandadas de grullas llevando diminutos pájaros que ¡trinan alegremente! ¿No es encantador? Así que si nosotros también tenemos que volar «a través del vasto mar» a través de la tormenta y la tempestad, llevaremos a la pequeña Sonitchka a nuestras espaldas, y ella despreocupada cantará su canción a lo largo del viaje.

Actualmente estoy inmersa en la geología. Puede que pienses que es una ciencia austera, pero te equivocas. La estoy leyendo con excitación febril y una felicidad apasionada; es un campo que amplía el horizonte intelectual de manera colosal, y ofrece una idea homogénea y global de la naturaleza, más que cualquier ciencia particular. Me gustaría contarte muchas cosas, pero eso requeriría toda una mañana de charla o un paseo por la campiña de Südende, o unos cuantos paseos juntas en una tranquila noche de luna.

Sonioucha, me gustaría pedirte un regalo de Navidad: un retrato tuyo. Sería lo más hermoso que podrías darme.

¿Y qué escribe Karl [Liebknecht]? ¿Cuándo lo volverás a ver? Dale mil saludos de mi parte. ¡Te abrazo y te cojo la mano con fuerza, mí querida, querida Sonitchka! ¡Escríbeme pronto y mucho!

Tuya, Rosa Luxemburg

A Sonia Liebknecht, Breslau, 16 novembre 1917
Publicado en: Rosa, la vie, lettres de Rosa Luxemburg, éditions de l’atelier, 2009
Traducción de π