¡El principal enemigo está en nuestro propio país!

Karl Liebknecht habla frente al Ministerio del Interior en el bulevar Unter den Linden de Berlín, el 4 de enero de 1919, en la manifestación de los soldados para la desmovilización inmediata

Sin entrar en los detalles de las causas del enfrentamiento entre Rusia y el bloque occidental dominado por Estados Unidos que condujo a la guerra en territorio ucraniano, el lavado de cerebro del capitalismo que reina en todas las latitudes es el mismo que hace un siglo, el mismo que en 1914, el mismo que en 1940, el mismo que en todas las guerras que se produjeron después en el mundo. De hecho, los conflictos bélicos nunca han cesado. La guerra es intrínseca al capital.

Pues ante esta situación, nuestra respuesta debe ser la misma que dieron los revolucionarios, necesariamente, internacionalistas del pasado.

Frente a la agresión rusa, los Estados capitalistas opuestos a ella siguen insistiendo en las atrocidades del imperialismo ruso, tanto dentro como fuera de sus fronteras. ¡Como si estos estados tan democráticos y civilizados no tuvieran las manos manchadas de sangre, como si estos estados sólo estuvieran interesados en el bienestar de sus esclavos que cada cierto tiempo están llamados a elegir en las urnas a quienes van a administrar los frutos de su explotación!

Así, estos estados insisten mucho en la resistencia de la población ucraniana a la invasión de las fuerzas militares rusas en «su» territorio. La defensa de la patria es alabada, aplaudida y venerada. Sin embargo, no olvidemos que cientos de miles de ucranianos intentan huir de «su» territorio y que los hombres de entre 18 y 60 años no pueden salir de Ucrania. ¡Les dan un bonito Kalashnikov para que disparen a los soldados rusos y mueran por la independencia de su país!

Esta soldadesca por su parte bien puede, por qué no, remontarse a la Edad Media y reivindicar el Estado eslavo oriental de la Rus’ de Kiev, la entidad común a la historia de los tres estados eslavos orientales actuales: Bielorrusia, Rusia y Ucrania; o bien reivindicar la Gran Rusia que comprende Ucrania bajo los zares y bajo Stalin, entonces falazmente llamada URSS, que no era ni soviética ni socialista. Esta Rusia, enviando sus soldados y sus medios de destrucción, pretende recuperar esta tierra que fue suya, dice, sobre todo porque para ella está fuera de lugar que Ucrania pueda formar parte de la OTAN, ese bloque imperialista que siempre se le ha opuesto.

La clase de los esclavos asalariados, la clase de los proletarios, las mercancías de dos patas que el capitalismo global utiliza a su antojo y desecha cuando ya no las necesita, esta clase, que es la nuestra, no tiene nada que defender en todo esto. No debe servir como carne de cañón. En tiempos de guerra como en tiempos de paz, siempre es la que paga el precio.

Que esta clase, nuestra clase, no olvide que cuando protesta, cuando se levanta, los poderes capitalistas que chocan entre sí para defender sus intereses y sus beneficios, al igual que las diferentes fracciones capitalistas de un mismo país que chocan entre sí por los mismos motivos, ¡se UNEN, como por arte de magia, para aplastar el movimiento de subversión social allí donde se manifieste!

Estos Kalashnikov que el poder ucraniano está dispuesto a distribuir, incluso a imponer a su población civil de entre 18 y 60 años, la clase explotada debería volverlos en su contra para detener la guerra confraternizando con los soldados rusos que, por su parte, deberían volver sus armas contra sus oficiales y su propio Estado.

Que los proletarios sepan que el sistema que nos explota, que nos convierte en meras mercancías desechables que crean valor, ¡no es nada sin nosotros! Por muy lejos que estemos actualmente de actuar como una clase unida y solidaria, la única solución mundial es acabar con el capitalismo en todas sus formas políticas. ¡Esta es la única manera de acabar con las causas de las guerras imperialistas para siempre!

¡Ni una sola gota de sangre derramada en defensa de la Patria!

Como dijo Karl Liebknecht a propósito de la Primera Guerra Mundial, «El principal enemigo está en nuestro propio país».

Proletarios de todos los países, unámonos, suprimamos las armas, las policías, la producción de guerra, las fronteras, el trabajo asalariado.

¡Por una sociedad sin clases!

Un Esclavo Asalariado Internacionalista
2 de marzo de 2022