La Queer ha tenido su momento

Entrevista con Roswitha Scholz

Los sueños de cansancio, Grete Stern (1950)

Nacida en 1959, Roswitha Scholz estudió sociología y pedagogía. Como publicista independiente, conoció a Robert Kurz (1943-2012) y se convirtió en su esposa. A partir de 1986, fue redactora de la revista alemana Krisis de Nuremberg (en 1992, con su primer artículo teórico importante, «El valor hace al hombre»), y a partir de 2004, cuando Kurz y sus familiares fueron destituidos, fue miembro de la revista Exit! así como de varias revistas de crítica social. En el 2000, recopiló sus reflexiones en un libro, «Das Geschlecht des Kapitalismus. Feministische Theorien und die postmoderne Metamorphose des Patriarchats». Los comentaristas franceses, apresurados y confusos, han explicado a menudo que la «escisión» (un término bastante impropio) en el seno de Krisis se debió inicialmente a un conflicto teórico, en particular en torno a las tesis de Scholz, lo cual es erróneo (el conflicto era ante todo un conflicto de personas que existía desde principios de los años 90 y cuestiones relacionadas con la gestión de una asociación. Lo que sí es cierto es que, con el paso de los años, hay verdaderas diferencias teóricas, después de 2004, entre Krisis/Streifzüge y Exit! aparte de los acuerdos fundamentales –el valor, el trabajo, etc.

A través del concepto de «wert-abspaltung» (que debería traducirse como «disociación-valor»)[i], Roswitha Scholz quiere mostrar que la socialización a través del valor, ese principio social sintético que es el trabajo abstracto (para ser más rigurosos, sería mejor decir la cara abstracta de todo trabajo), está estrechamente relacionada con la relación entre los sexos. Existe, pues, un patriarcado de la forma de valor (por tanto, una dominación masculina específicamente moderna) que completa las formas del patriarcado anterior vinculado a las relaciones sociales no capitalistas. El funcionamiento de la abstracción-valor del mundo moderno, lejos de ser la supuesta liberación de la mujer como cree parte del sentido común (la famosa «liberación de la mujer»), o el dominio de la indistinción igualitaria entre hombres y mujeres como cree cierta forma de anticapitalismo de baja estofa, opera una disociación muy fuerte entre dos series de actitudes, valores y realidades humanas de género, que debe entenderse también en sus dimensiones culturales-simbólicas y sociales-psicológicas. La crisis del valor ligada a la tercera revolución industrial (véase R. Kurz, el capítulo «Die Geschichte der Dritten industriellen Revolution», en «Schwarzbuch Kapitalismus», Eichborn, 2009, pp. 622-800), lejos de hacer desaparecer la forma del patriarcado moderno, acelera la barbarie del patriarcado productor de mercancías (el doble trabajo, el fenómeno de las «mujeres de las ruinas», etc.).

Esta crítica se dirigía a los movimientos feministas, que compartían con el marxismo la ontología del trabajo, queriendo a veces, ciegamente, integrar también a las mujeres en la maquinaria del sujeto autómata que es la relación-capital, como proveedoras de trabajo abstracto, por tanto, como sujetos en la esfera pública –de ahí la dialéctica del feminismo, siempre en equilibrio entre la voluntad de igualdad y la voluntad de diferencia, siempre presas por ser inmanentes a las formas sociales capitalistas. A los movimientos feministas que también se referían en sus teorías, de forma abstracta, a una comprensión transhistórica del patriarcado, sin entenderlo en sus especificidades históricas modernas. Y cuando, a diferencia del pensamiento posmoderno, algunas feministas no abandonaron la crítica a la economía política, fue siempre para sacar del armario el cadáver del marxismo/marxismo tradicional. Roswitha Scholz, con Marx pero también más allá de Marx (cf. revista Exit!, n°1, 2004), se refiere por su parte a lo que es más radical e interesante en Marx y que le dio más problemas, sin que pudiera realmente completarlo: una parte mínima de su obra que Robert Kurz llamó después de Hans-Georg Backhaus y Stefan Beuer, el “Marx esotérico”, el Marx que apenas ha comenzado a sentar las bases para una crítica radical de todas las categorías/formas capitalistas, como el valor, la mercancía, el trabajo, el dinero y el Estado (un Marx esotérico en el que se puede confiar para contribuir a una crítica radical para el siglo XXI, pero que se reduce a una rebanada cada vez más fina del Marx maduro en las últimas obras de Kurz, especialmente en «Geld ohne wert» (Horleman, 2012). Para Roswitha Scholz, la cuestión feminista es, pues, todo menos un problema feminista, y de mujeres, este problema abarca toda la cuestión de la sociedad capitalista-mercantil en la que vivimos.

La breve entrevista que presentamos a continuación es una invitación a descubrir el pensamiento de Roswitha Scholz.[ii] Los lectores francófonos tendrán acceso a la traducción de un texto de Scholz y a un resumen de sus principales tesis, en la obra colectiva publicada en Canadá pero también distribuida en Francia, «Sexe, capitalisme et critique de la valeur». Pulsions, domination et sadisme social», editado por P. Vassort y R. Poulin (M éditeur, 2012). Sobre la teoría de la disociación-valor también podemos encontrar un conjunto de textos de A. Jappe, N. Trenkle, G. Briche, R. Kurz, etc., en la página (en francés) http://palim-psao.over-blog.fr/categorie-11387322.html

Palim Psao

Ndt: En breve podremos encontrar la reedición de Patriarcado y capital, La escisión del valor a cargo de la editorial Pepitas de Calabaza.

Entrevista

die Standard (dS): Usted dice que las teorías feministas no pueden contribuir a la explicación de las crisis. ¿Por qué?

Roswitha Scholz (RS): Aquello que reprocho a las discusiones en los círculos feministas son sus postulados hegemónicos. Por principio, creo que deberíamos dejar de considerar siempre la categoría del sexo como un problema relevante de ámbito particular; por el contrario, es un problema fundamental de la estructura social. Todas las posiciones de género tienden a hacerlo desaparecer.

(dS): ¿En qué medida?

(RS): Se ha restado importancia al asunto, se ha desestimado como algo sin importancia. En mi opinión, debemos volver a los puntos de vista de antes de los años 90 y hacer que la categoría del sexo vuelva a ser un tema central en la sociedad, pero de una manera nueva y diferente. Es decir, volver a reconocer los sexos como base de las estructuras sociales. Los debates deconstructivistas lo han evacuado.

(dS): Además de Butler y Foucault, el feminismo tiene otras teorías que ofrecer.

(RS): La teoría queer, es la que finalmente se ha impuesto, para mí no es una teoría feminista. El resultado es que la cuestión del sexo como estructura básica ya ni siquiera sea tematizada. El deconstructivismo simplemente busca derrotar la propia designación de la categoría sexual, en la medida en que la teoría queer, desdramatiza la problemática de los sexos, va también al encuentro de las teorías androcéntricas. Todo está mezclado y, como resultado, ya no vamos a examinar de cerca la forma en que la categoría de sexo estructura la sociedad.

(dS): ¿Estás sugiriendo algo en contra de eso?

(RS): Mi aportación, es la crítica a la disociación-valor.[iii] La estructura sexual debe nombrarse con precisión y sin concesiones. No podemos permitirnos no hacerlo. Debemos designar las relaciones tal y como son, para llegar a una capacidad de acción concreta.

(dS): ¿Puede hablarnos un poco más de esta crítica de la disociación-valor?

(RS): Siempre me resulta difícil resumir una relación tan compleja en tres frases en una entrevista. He escrito un libro entero sobre ello.[iv] Lo esencial, en mi opinión, es vincular la problemática de los sexos, revisada y corregida, a la teoría marxiana y a la teoría crítica –que también es una crítica del valor. Esto implica volver a tener en cuenta el punto de vista de la totalidad. Si el feminismo estuviera dispuesto a contribuir a la definición conceptual de la crisis, probablemente las cosas se moverían más.

(dS): ¿Es decir?

(RS): Realmente veríamos algo nuevo. Este feminismo post-estructuralista, este movimiento queer, básicamente ha tenido su hora. Ahora debemos superar tanto el feminismo de los años 70 y 80 como esta historia de lo queer y de los géneros. Estoy tratando de aportar mi contribución a ello.

(dS): Entonces, ¿se puede hablar, en su opinión, de un sujeto revolucionario en la crisis que conocemos?

(RS): Mi problema es que no estoy muy de acuerdo con el marxismo obrero. Según mi interpretación de Marx, son el trabajo abstracto, el valor y la forma de la mercancía como tal los que constituyen el problema. Esto significa que el trabajo abstracto es cuestionado en sí mismo, incluso como un fin tautológico en sí mismo. Mi tesis es que las tareas del hogar y la reproducción social no sólo están disociadas del valor económico y del trabajo abstracto, sino que también representan su precondición tácita. Esta estructura fundamental, que he esbozado aquí a grandes rasgos, impregna toda la cultura y la sociedad, y dentro de este marco los individuos se inscriben en los estereotipos sexuales, están sujetos a ellos.

Con la llegada de la posmodernidad, la relación entre los sexos está cambiando, ya que el trabajo en su forma habitual y la familia nuclear tradicional quedan obsoletos. Pero también en cuanto se da por sentado que las mujeres pueden trabajar: en términos de nivel educativo, han alcanzado a los hombres. Los imperativos posmodernos de flexibilidad hace que las mujeres sigan cobrando en general menos que los hombres. La integración de un número creciente de mujeres en puestos de alto nivel en la economía y la política se asemeja más a un fenómeno de «mujeres de los escombros»,[v] que no debería confundirse con la emancipación. En cuanto al sujeto revolucionario, no me interesa. Para mí, está anticuado. No existe un sujeto que sea el Elegido y pueda resolver todos nuestros problemas. Tiene que ocurrir de otra manera.

(dS): ¿Y de qué manera?

(RS): Aquí es importante preguntarse primero cómo, desde un punto de vista histórico, hemos llegado a esta crisis. Sólo cuando he respondo puedo preguntarme qué hacer. Por otro lado, no quiero pretender ser un Cristo femenino que diga: he venido a revelar la verdad. Está claro que hoy en día, tanto en la izquierda como en el lado feminista, prevalece por completo un punto de vista que consiste en descubrir resistencias por todas partes, en hacer que la menor acción parezca una resistencia. Todo esto es un montón de tonterías. Tienes que negar la situación en su totalidad. Eso es lo que me estoy tomando la libertad de hacer. No dudo en proponer una crítica radical de la sociedad y en formular una teoría que parta de los principios fundamentales.

(dS): En su presentación, habló de una renovada tensión en la guerra de sexos. ¿A qué nivel la ve usted?

(RS): Para tomar una frase de las feministas de Bielefeld:[vi] los hombres son amas de casa. El trabajo en el sentido de actividad profesional se está quedando obsoleto. Pero este tipo de trabajo era algo que había formado parte esencial de la identidad masculina. No es que los hombres empujen ahora los carritos de bebé de buena gana, pero eso está provocando roces. Hay competencia dentro de la relación laboral. Para decirlo sin rodeos: aquí hay una mujer cualificada, ahora vamos a contratarla… No va a suceder así. No va a ser sin lucha.

(dS): ¿Un empeoramiento en el terreno laboral?

(RS): Este es sólo un ejemplo. En términos de empleo, es obvio. Pero lo que he notado últimamente en la izquierda es que hay congresos sobre el tema «trabajo y crisis» o incluso esa famosa «conferencia sobre la idea del comunismo»[vii] con Slavoj Žižek y Toni Negri, donde no se ve ni siquiera una mujer. Las situaciones problemáticas que estamos viviendo serían ahora algo objetivo que los hombres deberían discutir. Ahí es donde nos dirigimos. Y luego están los congresos en los que cualquier representante del movimiento de género está presente y no abre la boca. En lugar de sentarse y escuchar lo que se dice, esta deconstrucción total, deberíamos –desde un punto de vista puramente práctico– provocar un escándalo. Tenemos que volver a tomar el hábito de llevar tomates con nosotras.

Me recuerda a la campaña de Ursula von der Leyen para animar a las licenciadas a volver a tener hijos. Von der Leyen se presenta como una feminista conservadora, madre de siete hijos, enfermera de sus ancianos padres, política, médico y Dios sabe qué más. Es evidente que esta mujer no es un modelo a seguir. Esta mujer es un personaje de cómic.

(dS): Estas tendencias también se observan en Austria.

(RS): Me lo creo. Debería haber una huelga de nacimientos. Deberíamos decir: no participaremos en este darwinismo social, por no decir racismo. Al fin y al cabo, esto equivale a animar a las mujeres de clase media a reproducirse, a tener hijos y a llevar la doble carga sobre sus hombros; en cuanto a los más pobres, los destinatarios de Hartz IV, en el mejor de los casos deberían ser esterilizados. ¿Por qué no todo el mundo pone el grito en el cielo?

(dS): Su crítica a la disociación-valor sigue siendo un debate muy académico. ¿Cómo podemos crear solidaridad en función del sexo, y en particular acoger a las trabajadoras a nuestro lado?

(RS): Me sorprendería que hoy en día pudiera ir directamente a la mujer de clase trabajadora media con mi construcción teórica bajo el brazo. El discurso teórico es una esfera aparte. No puedo pasar simplemente a la acción política dentro de un partido o de una iniciativa ciudadana; la teoría crítica debe desarrollarse primero de forma independiente y sin miramientos. En cuanto al escándalo actual, quizás deberíamos hacer una campaña con varias mujeres famosas para poner de manifiesto las implicaciones social-darwinistas de este tipo de política.


https://www.derstandard.at/story/1295570613983/queer-hat-sich-ausgelebt

http://www.palim-psao.fr/article-le-queer-a-fait-son-temps-entretien-avec-roswitha-scholz-113954343.html

Traducción π

[i] Ndt: aquí seguimos la traducción francesa que nos parece más clara que el término escisión escogido en las traducciones al castellano.

[ii] Entrevista realizada por dieStandard, la web feminista del diario austriaco de izquierdas Der Standard, tras la conferencia de Roswitha Scholz sobre «La crisis y categoría sexual» en Viena en enero de 2011, en el marco de la semana «Crisis y teoría de la crisis».

[iii] http://www.palim-psao.fr/article-dossier-critique-de-la-valeur-genre-et-dominations-47134207.html

[iv] Das Geschlecht des Kapitalismus. Feministische Theorien und die postmoderne Metamorphose des Patriarchats, Bad Honnef, 2000. El primer capítulo de este libro y un resumen de las tesis de Roswitha Scholz realizado por Johannes Vogele fueron publicados en francés en la obra colectiva, editada por Patrick Vassort y Richard Poulin, Sexe, capitalisme et critique de la valeur. Pulsions, domination et sadisme sociale, M éditeur, Canadá, 2012 (también distribuido en Francia). Ndt: No hemos encontrado ninguna traducción completa al castellano, tan solo algún fragmento: https://issuu.com/aginteahausten/docs/apuntes_sobre_las_nociones_de_valor

[v] Trümmerfrauen se refiere a las mujeres alemanas y austriacas que, tras la Segunda Guerra Mundial, a menudo con sus maridos muertos, prisioneros, inválidos, etc., emprendieron la limpieza y reconstrucción de las ciudades bombardeadas por los aliados.

[vi] Ciudad universitaria de Renania del Norte-Westfalia, donde, entre otros, enseñaban Claudia von Werlhof en los años 1970-1980.

[vii] En Londres, en marzo de 2009. Una segunda edición tuvo lugar en 2010 en Berlín, y una tercera en 2011 en Nueva York.