Comprender los límites es entender las tareas

– No tenemos un programa de transformación revolucionaria de las relaciones de producción.

– No hemos agitado de forma masiva y consistente, en los barrios pobres, la necesidad de inclinar a favor del movimiento a las familias de uniformados y conscriptos.

– No contamos con las mínimas condiciones de organización, seguridad, autodefensa y cobertura, como para poder agitar abiertamente la expropiación de los medios de producción y el armamento del pueblo, sin hacer caer sobre nosotros el peligro inmediato de aniquilación física.

– En este momento el proletariado no tiene ante sí más que dos opciones. La primera: seguir protestando por unas demandas que la burguesía promete satisfacer sin que nadie le crea, pero que tampoco el propio proletariado tiene cómo llevar a cabo. La segunda: dejar de protestar. En este escenario, la pura y simple negación del capitalismo, hecha en términos abstractos, sin programa y sin un plan para agitarlo, nos convierte en un elemento decorativo.

– Siendo la Asamblea Constituyente la carta más segura de la burguesía para sortear con éxito la crisis, y no existiendo por otra parte una fuerza capaz de agitar la perspectiva revolucionaria de expropiación y proletariado en armas, sólo queda asegurar la mayor coordinación y comunicación posible entre las asambleas, con especial énfasis en las de los barrios pobres. Es sobre todo ahí donde puede desarrollarse una fuerza capaz de seguir impulsando protestas y movilizaciones masivas, y procesos de organización autónoma, a pesar de la resolución institucional de la crisis.

– Las protestas y movilizaciones masivas, y la organización territorial autónoma, por sí solas, no aseguran ningún devenir revolucionario. Es la comprensión de sus límites lo que abre la posibilidad de rupturas posteriores más profundas y continuadas.


Chile, noviembre 2019