Argelia al borde de la eclosión

El levantamiento popular del 22 de febrero constituye una ruptura de gran alcance en nuestra historia y en la del Magreb. Se trata de consolidarla y ampliar el campo de lo posible. Hoy día, los argelinos han logrado una primera victoria.

Nuestra tarea prioritaria es extraer las leccciones del levantamiento de octubre de 1988 y evitar un nuevo “desvío del cauce”, es decir, la confiscación de la soberanía popular que constituye el origen del autoritarismo bajo su forma actual. Estamos frente a una nueva crisis del régimen, pero el pueblo argelino ya ha decidido. El Frente de Liberación Nacional ha vivido su quinto mandato. El anuncio del presidente del 11 de marzo de 2019, no hace sino ratificar este estado de cosas.

Por un lado y por otro, los demócratas proponen alternativas politiqueras en nombre del cambio, pero los intereses de las clases populares raramente son tomados en cuenta. Ahora bien, son ellas las que viven más intensamente la humillación, el abuso de poder y la hogra (el desprecio).

Esos males son propios de todo el Magreb. Por ello, después de la revolución tunecina y del movimiento del 20 de febrero de 2011 en Marruecos, la situación argelina resuena con tanta fuerza entre todos aquellos que aspiran a la dignidad.

Sin ceder al espíritu de revancha, es necesario que evitemos que los antiguos partidarios del status quo se compren una virginidad en nombre de una transición que reanudaría insidiosamente con el antiguo régimen y sus prácticas (corrupción, clientelismo, predación, etc.).

La democracia, que ahora todos reivindican en voz alta, es todo lo contrario al consenso del que sufrimos las consecuencias. Recordemos que dicho consenso siempre ha constituido el grito de unidad de las clases dirigentes.

El deseo de establecer relaciones igualitarias está en la base de la fraternidad con que sueña el pueblo. Pero para darle consistencia, es preciso salir del unanimismo de fachada que representa un freno a la decantación y al reagrupamiento de las fuerzas populares.

 La república debe ser refundada, en ruptura con las tentaciones despóticas asimiladas a la monarquía por los actores del levantamiento popular.

Las aspiraciones de las clases laboriosas, de las cuales las mujeres y la juventud constituyen los motores, deben ser afirmadas desde ahora. Por tanto, será necesario respetar su autonomía de organización y de acción. En esta perspectiva, la igualdad entre los sexos es indiscutible.

Contrariamente a la idea según la cual las argelinas y los argelinos se habrían despertado el 22 de febrero de 2019, los eventos en curso son en realidad fruto de un largo proceso alimentado por el combate de las fuerzas más determinadas, habiendo pagado un alto precio por ello. Numerosas luchas sectoriales, que aún no se habían aventurado en el terreno político, han sido llevadas a él en este último periodo en todas las regiones del país. Las concesiones materiales, hechas por un gobierno deseoso de comprar la paz social, han sido rebasadas por la inflación y la carestía de la vida, lo que subraya la importancia de la consigna de la huelga general para superar la segmentación y constituirse en una fuerza independiente.

La mano tendida de los oligarcas a los trabajadores es un total engaño que no hace sino perpetuar su subordinación a la agenda neoliberal. Son los hombres de negocios los que necesitan de las masas populares para presionar al poder a fin de defender sus privilegios. En cambio, los desempleados, los pobres y los asalariados no requieren apoyarse en los millonarios para afirmar sus propios objetivos.

Desde 2012 se ha constituido en la sombra una camarilla compuesta por los representantes de la política de uniforme, el presidente y su familia, así como los hombres de negocios. Fue este grupo el que apoyó la convocatoria de un cuarto y luego un quinto mandato. Su arrogancia está en el origen de la explosión popular.

Estemos atentos: el espantapájaros de una intervención extranjera no es creíble. Dejemos de buscar el diablo lejos de nosotros. La crisis opone las fuerzas sociales y políticas internas en Argelia.

La aspiración de un cambio radical se ha expresado masivamente y con fuerza en las calles, haciendo vacilar a los que controlan el régimen. Para la gran mayoría de nuestro pueblo, la búsqueda de la libertad no se puede separar de la búsqueda de la igualdad. Estamos al lado de las clases populares en su voluntad de controlar por ellas mismas su propia vida, ya que no puede haber democracia real sin tomar en cuenta sus aspiraciones específicas.

Nosotros somos partidarios de la auto-organización de los trabajadores mediante la construcción de asambleas en los barrios, los pueblos y las ciudades, en las que los individuos deliberen sobre las cuestiones y los aspectos de la vida cotidiana sin la mediación del Estado o de los profesionales de la representación. Se trata de ir lo más lejos posible en el cuestionamiento del orden capitalista, represivo, patriarcal y religioso.

Nuestro país ha heredado del espíritu de la hisba,[1] la vigilancia de todos por todos. Opongámosle el respeto de la autonomía individual, la libertad de conciencia, la de disponer de su propio cuerpo, de ponerlo en movimiento, y de reapropiarse colectivamente del espacio público, como lo han hecho con alegría las y los argelinos. El camino que lleva a la emancipación social es largo pero no hay otra vía para realizar el florecimiento de cada cual y de todos.

Mohammed Harbi y Nedjib Sidi Moussa; 11 de marzo 2019

https://blogs.mediapart.fr/anacharsis/blog/120319/lalgerie-est-au-bord-de-leclosion


[1] La hisba es el principio islámico que designa el deber de ordenar el bien y prohibir el mal.