Llamamiento de los “chalecos amarillos” del este de París

18 de enero 2019

https://paris-luttes.info/appel-de-gilets-jaunes-de-l-est-11521?lang=fr


Nuestros chalecos ya no son trajes de seguridad vial; se convirtieron en la señal para unir el desafío global del orden establecido. Si brillan, no es para alertar a las autoridades sobre cualquier emergencia o problema social. No nos los pusimos para reclamar nada ante el Poder. El amarillo de nuestros chalecos no es el que acostumbra a juntarse a la traición del movimiento obrero. El color de este vestido es el de la lava de la ira que el volcán de la revolución social, dormido durante demasiado tiempo, comienza a escupir. Es amarillo solo porque abraza el rojo.

Bajo el nombre, “chalecos amarillos”, un titán se despierta, todavía aturdido por el coma en el que estuvo sumido durante más de cuarenta años. Este coloso no sabe cómo se llama, no recuerda su gloriosa historia, no conoce el mundo en el que abre los ojos. Sin embargo, a medida que se reactiva, descubre la magnitud de su propio poder. Las palabras le son dictadas por falsos amigos, los carceleros de sus sueños. Él las repite: “francés”, “pueblo”, “ciudadano”! Pero al pronunciarlas, las imágenes que confusamente regresan de las profundidades de su memoria causan perturbación. Estas palabras se han desgastado en las alcantarillas de la miseria, en las barricadas, en los campos de batalla, durante las huelgas, en las cárceles. Son el lenguaje de un adversario formidable, el enemigo de la humanidad, que durante dos siglos ha dominado el miedo, la fuerza y la propaganda. ¡Este parásito mortal, este vampiro social, es el capitalismo!

No somos esa “comunidad de destino”, orgullosa de su “identidad”, llena de mitos nacionales, que no pudieron resistir la historia social. Nosotros no somos franceses.

No somos esa masa formada por “gente pequeña” lista para aliarse con sus amos siempre que sea “bien gobernada”. Nosotros no somos el pueblo.

No somos ese agregado de individuos que solo deben su existencia al reconocimiento del Estado y por su perpetuación. Nosotros no somos ciudadanos.

Nosotros somos los que estamos obligados a vender la fuerza de trabajo para sobrevivir, aquellos de los que la burguesía se beneficia dominándolos y explotándolos. Somos aquellos a quienes el capital, en su estrategia de pervivencia, pisotea, sacrifica, condena. Somos la fuerza colectiva que abolirá todas las clases sociales. Nosotros somos el proletariado.

Conscientes de nuestros intereses históricos, os advertimos:

El movimiento de los chalecos amarillos será derrotado si se obstina en creer que los intereses de los trabajadores son reconciliables con los de los patrones. Esta ilusión ya está causando daños porque Macron la usa para dirigir la contestación contra los explotados. Los pobres capitalistas –retratados de manera oportunista como pobres capitalistas: pequeños empresarios, artesanos y autónomos– víctimas de las “cargas” fiscales, comparten la misma suerte que sus empleados. Por lo tanto, habría que salvarlos globalmente y limitarse a pedir limosna a los más grandes de entre ellos. Esto le permite al Poder denigrarnos mientras finge responder nuestras reivindicaciones. El llamado aumento del SMIC (salario mínimo interprofesional) solo será pagado por los empleados. La cancelación del aumento de la CSG (la Contribution Sociale Généralisée constituye un impuesto obligatorio que grava todo tipo de rentas) enmascara la continuación de la reducción de las pensiones de los más pobres.

• Sobre la base de este enfoque sesgado, una fracción de los chalecos amarillos afirma que un Estado menos oneroso reduciría la carga fiscal que aplasta a las empresas; la actividad sería relanzada y todos estaríamos contentos… Esto es un cuento de hadas. No es el Estado el que ahoga a los pequeños capitalistas, sino la ley de la competencia que los hace existir, por medio de la cual pueden participar del mercado, es decir, desarrollarse. El problema esta tan mal planteado que sitúa el objetivo en “el mal gobierno del Estado” en lugar del sistema capitalista, de esta manera el programa gubernamental de desmantelamiento del “Estado social” se consolida en nombre de la “optimización del servicio público”. Las políticas de depredación social para eliminar la redistribución de los ricos a los pobres, previamente realizadas a través de la seguridad social y los servicios públicos, irónicamente son reforzadas. De manera similar, las medidas para reducir el salario general, comprimiendo el salario indirecto (jubilación, prestaciones de desempleo…) están, por lo tanto, justificadas. Facilitamos el bastón con el que ser golpeados.

Desde este punto de vista, lo que favorece el equilibrio económico siempre se sitúa en la gestión, lo que es malo en la economía solo se puede venir del exterior: el Estado fiscal, la Unión Europea, las  “Finanzas”, “cosmopolita”, (y detrás a veces son designados los “judíos” o la conspiración de los “illuminatis”), los inmigrantes. La incomprensión o la negativa a admitir la deslumbrante verdad de que es el capitalismo –como un sistema de producción de riqueza a partir de la explotación del trabajo humano–  el que está en crisis, abre la puerta grande a las formas reaccionarias para preservar el orden establecido. Diez años de activismo de extrema derecha en Internet, pesan mucho sobre este estado de confusión suicida sobre el que muchas chaquetas amarillas creen discernir una solución a sus males.

Entre estas “soluciones”, el Referéndum de Iniciativa Ciudadana (le RIC), promovido durante mucho tiempo por la fachosfera y que ha acabado reuniendo a los seguidores mélenchonistas, es una cortina de humo para sofocar la cuestión social bajo cazuela institucional. Incluso siendo adoptado, este apaño democrático no resolvería nada. Solamente estiraría del elástico electoral, manteniendo la relación entre las clases sociales –tanto de sus condiciones como de sus desafíos– fortaleciendo además el reformismo jurídico, ese pariente pobre del ilusorio reformismo económico. Directamente equivaldría a consentir un poco más la esclavitud ordinaria.

Conscientes de nuestras tareas, constatamos:

El movimiento de los chalecos amarillos se detiene en las puertas de las empresas, es decir, allí donde comienza el reinado totalitario de la patronal. Este fenómeno es el resultado de diferentes factores. Recordemos tres de ellos: 1) La atomización de la producción, afecta a un gran número de asalariados que trabajan en (muy) pequeñas empresas donde la proximidad con el patrón dificulta la posibilidad de la huelga. 2) La precariedad de una gran parte de los asalariados, deteriora gravemente su capacidad para asumir la conflictividad en la empresa. 3) La exclusión y el desempleo, deja a muchos proletarios fuera de producción. Una gran parte de los chalecos amarillos está directamente relacionada con al menos una de estas tres determinaciones.

El otro componente del asalariado, el que trabaja en grandes empresas y tiene mejor seguridad en el empleo (CDI: Contrat à durée indéterminée i estatuto) parece estar al abrigo de la poderosa fuerza del movimiento que rompe como la ola contra la roca. Un tratamiento particular, compuesto de eficiencia gerencial y colaboración sindical vergonzosa, es el reservado para este segmento de la población trabajadora. La burguesía ha comprendido que esta categoría de trabajadores tiene el poder de golpear en el corazón de la producción capitalista, mediante la huelga general indefinida. Es por eso que trata de consolidar la pacificación otorgando terroncillos de azúcar en forma de “primas excepcionales de fin de año”.

Conscientes de nuestro propósito, afirmamos:

• Nos reconocemos en los llamamientos de los chalecos amarillos de Alès, Commercy y Saint Nazaire, cuya preocupación por rechazar cualquier organización jerárquica, cualquier representación y apuntar a los capitalistas, es para nosotros la línea del camino a seguir.

Queremos romper los impedimentos ideológicos, administrativos y sindicales que mantienen el movimiento de las chaquetas amarillas fuera de la producción. Debemos utilizar la extraordinaria fuerza y determinación que este movimiento desarrolla para lograr lo que millones de explotados han deseado durante tantos años, sin poder lograrlo nunca: paralizar la producción desde dentro, decidir las huelgas y su coordinación en las asambleas generales, uniendo todas las categorías de asalariados, con el mismo objetivo de derrocar al sistema capitalista y reapropiarse el aparato de producción. Pongamos fin a la opresión jerárquica, capitalista y estatal.

• Queremos empezar a debatir sobre la huelga, su desencadenamiento, su extensión, su coordinación. ¡Contáctanos, únete a nosotros!

gilets-jaunes-revolutionnaires@protonmail.com